martes, 2 de abril de 2019

La educación emocional
La práctica de la educación emocional en la educación infantil La educación emocional adopta un enfoque del ciclo vital que se lleva a la práctica a través de programas, secuenciados y que pueden iniciarse en la educación infantil.
La puesta en práctica de programas de educación emocional requiere una formación previa del profesorado. Por los datos de que disponemos, se puede afirmar que el desarrollo de competencias emocionales de forma intencional y sistemática está, en general, bastante ausente en los programas de formación de maestros. Ejemplo de un programa de educación emocional para la educación infantil es el de López (2003), aplicado en diferentes centros de Cataluña, Baleares y Canarias.
Consideramos que la formación inicial debería dotar de un bagaje sólido en materia de emociones y sobre todo en competencias emocionales. Llevar a la práctica la educación emocional no es cuestión de desarrollar actividades, sino de desarrollar actitudes y formas de expresión en las que el educador y educadora o bien la persona adulta tenga en cuenta el modelo que ofrece día a día, en las que las emociones sean vividas, respetadas y acogidas en su amplitud. Es importante revisar qué se ofrece a los infantes y cómo vivimos conjuntamente estas experiencias emocionales en la vida cotidiana. Así pues, propugnamos una intervención por programas, con perspectiva de continuidad. Las características esenciales de la intervención por programas de educación emocional debería incluir, como mínimo, objetivos, contenidos, metodología, actividades y evaluación.



Metodología
La actuación pedagógica pretende potenciar la adquisición de competencias emocionales mediante estrategias emocionales y vivenciales como cuentos, títeres y algunas dramatizaciones; así como en la utilización de recursos de la vida cotidiana: noticias de prensa, fotografías familiares, canciones, juegos de falda, etc.
El papel del educador, y en especial en la educación infantil, es el de mediador del aprendizaje. Como tal, constantemente proporciona modelos de actuación que los niños imitan e interiorizan en sus conductas habituales. Además el educador debe proporcionar seguridad y confianza al niño o niña creando contextos de comunicación y afecto donde los niños y niñas se sientan queridos y valorados. La seguridad emocional es un elemento básico para que el niño o niña se atreva a descubrir su entorno.
Sus vivencias y el trato que les den sus educadores serán importantes para fomentar el concepto de sí mismo. El maestro o maestra es un punto de referencia afectivo y de seguridad dentro del contexto educativo, que acogen y contienen al niño, a la familia y a las diferentes culturas, así como a las diferentes maneras de hacer personales y profesionales de sus compañeros y compañeras de equipo (PALOU, 2004).
Como todo lo que se trabaja en el campo emocional, es interesante que el educador se implique en la vivencia de las actividades participando en ellas, se centre en diversos enfoques y modelos educativos: el enfoque constructivista del proceso de enseñanza-aprendizaje, el modelo sistémico y la orientación humanista
Cassà, È. L. (2005). La educación emocional en la educación infantil. Revista interuniversitaria de Formación del Profesorado, 19(3), 153-167.



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